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INCLUSIÓN? HOY NOS QUITAMOS EL SOMBRERO POR ELLA!

Las mejores palabras no se piensan ni se escriben, se sienten.

El día no empezó bien, pero un segundo, o en este caso una conversación, lo cambió.

Vivimos pendientes de tanto, que se nos escapa lo poco e importante. Y no nos gusta. Pero pasa. Y nos da rabia, y nos prometemos que no vamos a caer más en esta rutina estúpida que nos desvía de lo esencial. Pero pasa. Y pasa porque de alguna forma queremos que pase.

La conversación surge después de la última, la cuál tuvo lugar hace muchos años, por otros temas, con otras intenciones sin importancia, de esas que llenan, a veces, nuestro día a día.

Y qué bonito ha sido. Qué bonito es cuando alguien te pega un guantazo de realidad, te presiona y sujeta los pies en el asfalto para que aguantes lo que te va a decir desde su misma altura y perspectiva, y te permite ver que todo, su TODO en este caso, y a pesar de las enormes dificultades, es precioso.

Es una historia más común y habitual de lo que uno quisiera, que lucha frenéticamente, con intensidad y justicia, para que la inclusión deje de ser una cortina de humo y se convierta en un hábito, como esos que se adquieren tras 21 días de constancia.

Es el levantarse de una familia que, de la forma más humilde que hayamos visto jamás, se desvive por la felicidad de un/a hij@ al que las cosas nunca se le han puesto ni fáciles, ni a su alcance… porque es tan especial que deslumbra ante l@s “normales”.

La sencillez y la bondad son virtudes que se aprenden, pero no se compran. Y si algún día conoces a alguien que está dispuesto a regalártelas, cógelas. Ambas tienen diferentes grados de intensidad, por eso hay gente que es más sencilla o buena que otra, pero lo es.

Y eso hemos hecho. Porque aunque consideramos que somos un poco buen@s y sencill@s, hoy nos han regalado el nivel superior. Ese nivel que  te envuelve de entendimiento la injusticia, el que acepta sin prejuicio, el que mira sólo hacia adelante.

Y mientras abríamos nuestro regalo, nuestros pies pisaban el suelo como muy pocas veces lo han hecho.

Hoy alguien bonito, en una conversación mucho más bonita, nos ha hablado con respeto y cariño de la inclusión. Pero no de la inclusión que abarrota discusiones vacías en despachos que excluyen. No. Nos ha hablado de esa inclusión que se toca, que se vive, que te abre el corazón para darle mayor cabida al hecho de que, pese a ser diferentes, somos iguales. Y por ello, merecemos que así nos contemplen.

Una conversación que te cambia el día, le da la vuelta, te permite reírte del mal inicio del mismo, y te abre los ojos para que, al menos por un tiempo (el máximo posible), pongamos nuestra mirada en algo tan urgente y necesario como lo es la INCLUSIÓN.

Hacía tiempo que no nos quitábamos el sombrero, y hoy el motivo es tal que tardaremos en volvérnoslo a poner.

Gracias!